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La actriz protagoniza la edición Julio/Agosto 2022 de Vanity Fair y habla con Britt Hennemuth sobre su ascenso como actriz, productora y musa de la moda. Lea la entrevista completa y traducida:

Dakota Johnson está orgullosa de su vibrador.

La actriz, productora y musa de la moda va a pisar pronto la alfombra de la Met Gala, y sus equipos de peluquería y maquillaje están dando los últimos retoques en una suite del Crosby Street Hotel de New York. Resulta que Johnson tiene un toque propio: esta mañana se puso un vibrador en la cara a modo masajeador de drenaje linfático improvisado. El dispositivo era de Maude, la empresa de bienestar sexual a la que se unió hace unos años como codirectora creativa.

“No es para la cara, pero es bueno”, dice.

“Me enseñaste a usarlo en la cara”, dice Kate Young, su estilista de toda la vida y cita de la noche. Young se vuelve hacia mí y señala sus mejillas: “Uso su vibrador”.

Johnson sonríe. “Mi personal”.

Sigue en sudaderas grises, sentada pacientemente mientras los equipos se apresuran. Una tetera eléctrica está hirviendo. El servicio de habitaciones reparte papas fritas. Hay una botella de Sancerre en hielo.

“Estoy en una cinta transportadora de tratamientos de belleza”, dice. “¿Conoces esa escena de El Mago de Oz? A uno de ellos lo rellenan de heno y al Hombre de Hojalata lo lustran. Siento que ese soy yo”.

Esta noche va a lucir un body personalizado de Gucci de encaje y pedrería, que actualmente cuelga de una puerta cercana. El diseñador de la casa, Alessandro Michele, era un amigo cercano antes de que Johnson llegara como embajadora de la marca en 2017. “Hablamos mucho, nos mandamos mensajes”, dice. “No siento que él esté en otro lugar cuando hablo con él, algo que siento la mayoría de las veces cuando hablo con gente que trabaja en la moda”. Gucci agradeció la aportación de Johnson a la creación de esta noche – “Se portaron de maravilla conmigo al respecto” – y ella va a aparecer en muchas de las rondas de las mejor vestidas de la noche. Por si fuera poco, Oscar Isaac la verá en una esquina y le dirá que parece una tormenta.

En este momento, está lloviznando, Johnson se retrasa y hay un equipo de cámaras en la puerta esperando para filmarla mientras se prepara.

“¿No sería bueno quedarse acá?”, dice ella, sólo medio en broma. “¿Bajar y cenar bien?”.

Prefiere hacerse ella misma el flequillo para las apariciones públicas -una especie de amuleto de la suerte- y, una vez que todo lo demás está listo, se mete en el baño para asegurarse de que se ve como ella misma. Una vez hecho esto, ella y un asistente de estilismo se ocupan en privado de los cubrepezones negros en forma de estrella que no se pegan.

“Estamos muy atrasadas”, dice Young, ahora con su propio vestido verde de Gucci.

Johnson desaparece durante lo que parece medio segundo, reapareciendo con el body y eligiendo entre dos tacones negros, mientras el equipo de cámaras enmascarado y el equipo de relaciones públicas italiano entran en la sala para capturar algunos contenidos contractuales.

“¿Necesito una cartera?” le pregunta Johnson a Young, dando en el clavo para el camarógrafo mientras revisa sutilmente su body en busca de bolsillos.

No hay ninguno, por supuesto. Sólo cadenas, cuentas, encaje y carne.

“Lo tengo”, dice Young, vaciando las tarjetas de crédito y DNI de Johnson en su propio bolso. “¡Tenemos que irnos!”

En el pasillo, un par de turistas se colocan contra la pared para dejar paso a la bata de terciopelo de Johnson. Sólo funciona un ascensor. Cuando las puertas se abren, está muy lleno. Las mandíbulas caen al verla. Cuando las puertas vuelven a cerrarse, la menos aturdida de las personas que están en el ascensor, una madre, le dice a Johnson: “¡Estás preciosa!“.

“¡Ustedes también!” dice Johnson.

Mientras esperamos, se da cuenta de algo y se paraliza de repente, presa del pánico.

“Tengo un agujero en la entrepierna”, dice.

El asistente de Young se arrodilla para investigar.

“¿Qué tan grave es?” pregunta Young.

“Del tamaño de un dedo”, dice Johnson. Al oírse, finge sorpresa y escándalo en mi dirección: “¡Hey!”

“No vas a poder ver”, dice la asistente. “Pero no hagas twerk”.

Las risas llenan el pasillo.

La primera vez que me encuentro con Johnson es poco antes de Semana Santa, en la casa de Malibú que comparte con Chris Martin, de Coldplay. Caminamos por el suculento jardín de la pareja y luego bajamos por un estrecho sendero del cañón hasta el Pacífico. El perro de Johnson, Zeppelin, nos guía. La actriz lleva unas delicadas joyas, un jersey azul de Elder Statesman, el tipo de Levi’s vintage perfectos que una docena de mujeres buscan en las tiendas de Topanga Canyon y un par de Birkenstocks más elegantes de lo habitual. Con el sol que cae detrás de ella, podría ser Jane Birkin de La Piscine caminando conmigo.

Johnson y Martin llevan casi cinco años juntos. Se conocieron a través de un amigo y “nunca nos separamos”, dice ella. Johnson sale de gira con él cuando no está trabajando. En octubre, mientras estaba en el escenario en Londres, Martin la señaló en el balcón mientras presentaba una nueva canción llamada “My Universe“. “Esto es sobre mi universo”, dijo. “¡Está acá!”. El público, e Internet, enloquecieron.

En cuanto a Johnson y el pequeño Zeppelin, su relación se remonta mucho más atrás. Zeppelin, una mezcla de Jack Russell terrier y schnauzer, está a sus pies, y en sus brazos, desde que ella tenía 18 años. Estuvo allí antes de su robo de escena en The Social Network, antes de la estrella Cincuenta Sombras de Grey (la trilogía a la que se va a referir más tarde como “esas grandes películas de desnudos”), y antes de la sorprendente y redefinitoria actuación del año pasado en The Lost Daughter. En definitiva, Zeppelin está presente desde que Johnson tuvo una mala ruptura en el verano posterior al instituto.

“Yo estaba como, ‘A la mierda. Me voy a cortar el pelo y me voy a comprar un cachorro’, y así lo hice”, dice. “Ambas cosas”.

¿Cómo era el corte de pelo?

“Era corto y entrecortado. No era un corte pixie, pero tampoco un bob. Era malo”.

¿Un mullet?

“Sí”, se ríe, recordando. “Podría decirse que sí”.

Malibú se convirtió en un refugio. Martin surfea. Johnson nada y recorre la Pacific Coast Highway en un Mustang de 1965 que le regaló hace unos años por su cumpleaños. Llama al coche Dixie, y si alguna vez tiene un accidente, piensa decirle a la gente: “Mi Dixie se estrelló”. Decilo en voz alta. Lo vas a entender.

Johnson y Martin guardan su privacidad, en parte porque la suya es una familia numerosa y mixta y en parte por la educación de Johnson. Ella es una de siete hermanastros, y Martin comparte dos adolescentes con Gwyneth Paltrow. “Tal vez pienso en las relaciones así de manera diferente porque crecí en mi familia”, dice. “Todos éramos geniales”. Entre ellos, quiere decir. “Obviamente, hubo momentos en los que no era genial, pero lo experimenté, así que no quiero eso en mi vida. No quiero que ningún niño experimente algo así. Es mejor ser amable, y también es muy bonito que todo el mundo se quiera de verdad y se cubra las espaldas”.

Los futuros padres de Johnson, Melanie Griffith y Don Johnson, estuvieron en Austin en otoño de 1989 porque Don estaba rodando el neo-noir de Dennis Hopper, The Hot Spot. Dakota nació el 4 de octubre. Mientras caminamos por la orilla con Zeppelin, hacemos cuentas. Soy ocho días mayor que ella.

Mis padres debieron concebirme en Navidad, digo.

“Mi madre presentaba SNL”, dice Johnson, “y habían vuelto a estar juntos por, no sé, millonésima vez, y esa noche -después de que ella presentara- mi padre le propuso matrimonio por segunda vez, y entonces supongo que fui concebida”.

Así que, sí, su historia es mejor.

Poco después del nacimiento de Johnson, terminó la película de su padre y la nueva familia se fue a su casa en Aspen. Johnson es la única hija de la pareja. Creció leyendo a Charles Bukowski y a Viktor Frankl, escuchando a Tom Waits y a Leonard Cohen, y montando en bicicleta. El querido amigo de su padre, el difunto Hunter S. Thompson, era una figura de tío. “Siempre que venía, se sacaba el sombrero y se agachaba y yo le tocaba la pelada”, dice. “Eso era lo nuestro”. Sonríe con cariño. “Era como una criatura mística”.

A pesar del humor subido de tono, hay una inocencia en la visión del mundo de Johnson. Recuerda una mañana impactante cuando tenía 10 años: un miembro de la familia – “no quiero dar nombres, porque me voy a enterar” – le dijo de golpe que el Conejo de Pascua, el Ratón Pérez y Papá Noel no existían. No es que la familia fuera religiosa. Su padre es espiritual a su manera, y Griffith iba de curandero en curandero. Pero para Johnson todo era pompa y circunstancia, magia y fantasía. “Mi mundo se derrumbó”, dice. Escandalizada, permaneció en silencio durante el almuerzo. Entiende que los 10 años están en el límite de la creencia en el Conejo de Pascua: “Pero si pudiera, seguiría creyendo en él ahora. Quizá por eso hago películas y por eso quiero hacer películas por siempre y para siempre. Hace que las cosas se sientan un poco más seguras”.

Con dos padres trabajadores en la cima de su fama, Johnson pasó su infancia viajando a todas partes, desde San Francisco (donde su padre hizo Nash Bridges) a París (donde su madre hizo Tempo). No completó un año escolar en el mismo lugar hasta el cuarto grado. Griffith describió la educación de su hija como la de una “gitana privilegiada”. Johnson se resiste a ese término. “Creo que eso le da un poco de glamour o hace que parezca que todo fue totalmente increíble todo el tiempo”, dice. “Mi vida es increíblemente afortunada y privilegiada, y la vida que llevé mientras crecía fue extraordinaria: los lugares a los que fui y cómo vivimos y lo que pudimos experimentar. Pero también luchamos con dinámicas familiares internas y situaciones y eventos muy traumáticos.”

Johnson es una heroína de Hollywood de tercera generación. Griffith es más conocida por su papel de secretaria en ascenso, nominado al Oscar, en la comedia romántica de Mike Nichols, Working Girl. La abuela de Johnson, la actriz y activista Tippi Hedren, fue la musa de Alfred Hitchcock en The Birds y Marnie, pero él tenía una obsesión perversa y depredadora con ella y, cuando rechazó sus insinuaciones y agresiones, destruyó su carrera. “Lo que pasó con mi abuela fue horrible porque Hitchcock era un tirano”, dice Johnson. “Tenía talento y era prolífico -e importante en términos de arte-, pero el poder puede envenenar a la gente”.

Recuerda haber asistido con su abuela a la proyección de la actuación de su ahora amiga Sienna Miller como Hedren en la película The Girl. “Nos sentamos en HBO, mi familia, y vimos esa película juntos”, dice Johnson. “Fue uno de esos momentos en los que te quedas como: ¿Cómo no nos avisaste? Estamos en una sala con algunos ejecutivos. ¿Capaz esto merecía una pequeña conversación previa? Miras y ves a una mujer que acaba de recordar todo lo que pasó, y fue desgarrador. Era una actriz increíble y él le impidió tener una carrera”. Griffith recouerda haber recibido un regalo de Navidad de Hitchcock cuando era una niña: una pequeña réplica de su madre en un diminuto ataúd. “Es alarmante y oscuro y muy, muy triste para esa niña”, dice Johnson, pensando en su madre y asintiendo. “Realmente aterrador”.

Johnson se quedó en Los Ángeles durante el secundario y pasó la mayor parte del tiempo con su madre, casada entonces con Antonio Banderas, una cálida incorporación a su creciente familia. A menudo, iba a la zona de los cañones y visitaba a la abuela en su santuario de grandes felinos, el Shambala Preserve. Su vieja amiga Riley Keough, que ahora es actriz y directora, dice que su adolescencia tenía un claro aire de los años 70, aunque fueran los ochenta. “Teníamos novios que formaban parte de una banda y que salían por Sunset Strip, y nosotras éramos básicamente las únicas chicas”, cuenta Keough. “Solíamos decirle a cada persona que conocíamos que éramos gemelas”. Las mujeres se cruzaron por primera vez en un estacionamiento de In-N-Out cuando cumplían 15 o 16 años. “Sabía quién era porque era la chica más genial de la ciudad”, dice Keough.

Después del secundario, el padre de Johnson le dijo que tenía que ir a la universidad o quedarse sin dinero. Ella eligió la independencia. “Por supuesto que me preocupaba que se metiera en este negocio”, dice Griffith por correo electrónico. “Sin embargo, nunca me preocupó si tenía o no el talento y la magia. Sabía lo difícil que era enfrentarse a todos los aspectos de la producción cinematográfica, y espero que haya aprendido algunos buenos consejos de mí. Creo que lo hizo. Pero es el sentido de sí misma de Dakota y su conciencia de la vida, el amor y el trabajo duro lo que la hizo pasar por momentos difíciles”.

Casi inmediatamente, Johnson reservó ese papel en The Social Network, de David Fincher, como una estudiante de Stanford que se da cuenta de que el compañero de cama de la noche anterior no era un compañero de clase, sino el tipo que inventó Napster (Sean Parker, interpretado por Justin Timberlake). “David dijo que ese papel podría haber sido fácilmente ingrato y que hice algo diferente con él”, dice Johnson. “Me pareció lo más maravilloso que me hayan dicho”.

Cincuenta Sombras de Grey convirtió a Johnson en un nombre mundialmente conocido en 2015 -y su encantador giro en la astuta adaptación de Persuasion de este verano va a añadir aún más fans al club- pero Keough insiste en que “sigue siendo la misma chica que conocí afuera de In-N-Out”. Ambas mujeres crecieron en torno a la fama: Keough es la nieta de Elvis Presley. Ambas conocen los pros de la vida pública, así como las caídas. “A veces puede afectar a la gente, pero Dakota no cambió”, dice Keough. “Siempre se sintió mayor y más sabia que los demás. Recuerdo haber leído que alguien dijo una vez: ‘O estás enamorado de Emmylou Harris o aún no la conoces’. Eso es lo que siento por Dakota”.

De vuelta a la playa, vemos algo que chapotea en las olas y Johnson se pone en pie de un salto. “¡Focas!”, grita feliz. “¿Las ves? Oh, Dios mío!” Luego, un momento de incertidumbre. “Son focas de verdad,  no? Porque ahora mismo no tengo los lentes puestos”.

Sí, le aseguro. Hay dos.

“Bien”, dice. Se ríe. “Chris y yo vinimos acá el otro día, y yo estaba sin mis lentes. Estuvimos viendo ‘focas’ durante 10, 15 minutos, y eran algas. Me hizo creer que eran focas todo el tiempo”. Imita a Martin, sonando dulce, paciente y ligeramente preocupada. “Sí, ahí están: focas”.

Antes de dejar la playa, Johnson y yo tenemos una visión más, y es más sorprendente que las focas.

“¿Esta gente está desnuda?”, pregunta, entrecerrando los ojos hacia los acantilados.

“Ajá”, confirmo, tratando de ignorar educadamente a una pareja de cuarentones desnudos detrás de unos matorrales.

“¿Totalmente?”, dice ella. “¿Le está haciendo cosas sexys a ella?”.

“¿Parece que es una curación corporal? ¿Reiki tal vez?”

“¡Mira hacia otro lado!”, dice ella. “¡Mira hacia otro lado!”

“Sí”, digo. “Totalmente desnudo”.

“Qué confianza”, dice. “Qué increíble es pensar: ¡Hagamos eso!”

“¿Queres…?” Digo.

“¿Deberíamos…?“, dice ella.

“¿Unirnos a ellos?” Digo.

“¡Feliz Pascua!”, dice ella, y se ríe.

Johnson dice que los cielos y las estrellas de Malibú le recuerdan a su infancia en Colorado. “Vivir acá, para mí, es realmente bueno”. Es diligente con el yoga y la Meditación Trascendental, lo que significa que puede “fácilmente y a menudo tropezar con el universo”. Puede fingir que está de vacaciones; dirigir su nueva productora, TeaTime Pictures, que acaba de vender su película Cha Cha Real Smooth a Apple por 15 millones de dólares; o sincronizarse con amigos que van desde amigos de la infancia hasta nombres legendarios. En un punto de nuestra serie de entrevistas de un mes, Barbra Streisand va a publicar una foto en Instagram de Johnson y Martin en su casa, con el pie de foto diciendo: “Con amigos en mi reciente fiesta del té”.

Si tiene curiosidad por saber cómo se desenvuelve un espíritu libre como Johnson en una reunión social, aca tiene una anécdota de una reunión celebrada no hace mucho: “La gente hablaba del metaverso. Es un asunto muy serio. Y yo dije: ‘Tengo un par de NFT’. Y ellos dijeron: ‘¿Ah, sí? ¿Qué tenes?’ Les dije: ‘Bonitas y jodidas tetas’. Una gran carcajada”.

“Dakota es instintivamente coqueta, y nos sedujo a todos”, dice su coprotagonista en Persuasion, Richard E. Grant. “Si hay un poste de telégrafo, ella lo encandila para que haga su voluntad”.

Persuasion, que se va a estrenar pronto en cines y más tarde en Netflix, está lista para el verano: la última novela completa de Jane Austen se ilumina con la irreverencia y la lujuria de Fleabag. Johnson, la única estadounidense del reparto, interpreta a Anne Elliot. A los 19 años, Anne fue convencida de poner fin a su compromiso con su verdadero amor, el marino Frederick Wentworth, por carecer de título y fortuna. Ahora está a la deriva en sus veintes, en grave peligro de soltería, cuando Wentworth regresa, atractivo, rico y aún profundamente enojado. Grant interpreta al padre de Johnson, Sir Walter Elliot“el hombre más vanidoso de la literatura”, como me dice el actor desde Brisbane, Australia.

“Realmente sentí que Anne Elliot es quizás la que más se parece a ella, a Austen”, dice Johnson. “En su prosa, hace una especie de guiño al lector”.

Anne lo hace literalmente en la nueva película. El papel es un escaparate de las habilidades cómicas de Johnson, ya que se dirige a la cámara y guía a su público desde el desamor y el vino en una bañera con patas hasta el “felices para siempre”. Persuasion nos muestra a una Johnson que no habíamos visto del todo en la pantalla, y se siente más cercana a la persona con la que me senté en la playa de Malibú.

“Dakota es muy disciplinada”, dice Grant.Teniendo en cuenta quiénes son sus padres, proyectas una idea de alguien que proviene de esa cantidad de privilegios. Piensas que podría ser -¿cómo lo digo?- que podría haber un elemento de Paris Hilton en su personaje. Pero no fue así. En lugar de eso, creo que esos antecedentes le dieron una gran seguridad en sí misma. Es decir, tiene 32 años, pero tiene un enfoque de “Sherlock” que no tiene nada que ver. Y habiéndola visto en esa infame entrevista con Ellen DeGeneres, sabes que no toma prisioneros. No te metes con Dakota Johnson, y creo que eso es increíblemente sexy”.

Esa entrevista tuvo lugar en 2019, cuando DeGeneres comentó con ligereza que no estaba invitada a la fiesta de 30 años de Dakota. La mayoría de los invitados en la silla de Johnson habrían aceptado el golpe por el bien de la televisión en vivo, pero Johnson respondió como solo ella puede: “Sí, lo fuiste, Ellen…. Preguntale a todo el mundo”. Después de que su productor ejecutivo confirmara que DeGeneres había sido efectivamente invitada, cambió rápidamente de tema: “Debo haber estado fuera de la ciudad”. La entrevista fue uno de los momentos en los que los fans vieron por primera vez posibles grietas en la alegre fachada de la presentadora. Más tarde llegaron las críticas del personal por su mal comportamiento interno, una disculpa y, finalmente, el final del programa. Obviamente, Johnson no podía predecir todo eso. Sólo estaba haciendo su característica cosa de no hacer nada. Entre los millones de comentarios en las redes sociales que elogian su estilo, humor y autenticidad, hay uno que dice simplemente: “Una vez más, DJ elige el caos”.

Dos noches después de la Met, Johnson y yo nos encontramos en el Hotel Greenwich de Tribeca. La parte de la cena de la gala le pareció larga. “No había ambiente, sólo charlas y raspado de cubiertos”, dice. Sonríe y da un sorbo a un té de menta. “Esa es mi nota, Anna. No tiene por qué ser una lista de canciones; basta con que haya un bonito cuarteto de cuerda o algo así”. Johnson no tenía sus lentes esa noche, así que no está del todo segura de a quién vio o saludó.

Estamos en el patio del bar y ella está envuelta en una gabardina de ante marrón. La compra de ayer. Johnson admira las lámparas de mesa Pina inalámbricas en nuestra mesa, y me pregunto en voz alta si a mi madre le gustarían para el Día de la Madre. Dice que a su madre le gustaría tener diamantes y me pregunta si conozco a algún soltero de Los Ángeles que le ayude a organizarlo.

La gente empieza a llenar el patio -bebedores de la happy-hour de Windsor de una conferencia corporativa- y me encuentro ajustando instintivamente mi asiento para evitar que miren a Johnson. Menciono que desde la última vez que hablamos, un viejo clip de su reacción al dedo medio vendado de Johnny Depp en una conferencia de prensa de 2015 volvió a aparecer y la puso, una vez más, en el centro de atención. Un clip de YouTube con más de 3 millones de visitas se titula “El momento EXACTO en que Dakota Johnson SABÍA que Amber Heard era VIOLENTA con Johnny Depp”.

Johnson vio el vídeo. “Me dije: ‘Por el amor de Dios, ¿por qué? ¿Por qué estoy metida en esto?”, dice, sacudiendo la cabeza. “No lo recuerdo en absoluto, pero por favor, sáquenme de esto. No dejen que esto vaya más allá. ¿Te imaginas, Dios mío, si me llamaran al estrado? No puedo creer que la gente esté viendo [el juicio] como si fuera un espectáculo. Es como si fuera un drama de la corte y mi corazón se rompe. Es tan, tan, tan loco. Los humanos son tan jodidamente raros. Internet es un lugar salvaje, salvaje”.

Admite que hay cosas que probablemente nunca va a decir públicamente debido a los riesgos que corre la gente en su posición. Pero sí dice lo siguiente: “Lo que me cuesta en cuanto a la cultura de la cancelación es el término cultura de la cancelación: todo el concepto que hay detrás de cancelar a un ser humano, como si fuera una cita. No hay persona que no cometa errores en su vida. El punto de estar vivo es descubrirlo. Hacer daño a otras personas, dañar a otras personas no está bien. Hay consecuencias para esas acciones. Pero el concepto de que el Twitterverso decida si alguien de repente ya no existe es horrible, desgarrador y equivocado. Creo que esto va a pasar. Creo que la gente quiere vivir en un mundo mejor, en última instancia. Además, Twitter es como, qué, el 12% del mundo? Es decir, algunas de estas personas ni siquiera saben deletrear”.

Esto le recuerda a Johnson algo.

“Mira mi nuevo tatuaje”, dice, levantando con cuidado la pierna por encima de la mesa y retirando un pantalón negro para revelar otras zapatillas Gucci y un escarabajo recién tatuado en el tobillo. Tanto ella como su directora de The Lost Daughter, Maggie Gyllenhaal, y su coprotagonista Jessie Buckley se hicieron el mismo tatuaje después de la Met Gala.

Olivia Colman iba a hacérselo con ellas pero estaba rodando una película de Sam Mendes en Inglaterra. “Recibí una foto de WhatsApp de todas ellas haciéndose el tatuaje que debíamos tener todas juntas”, cuenta por teléfono. “Me dio rabia. Estaba muy celosa. Le dije que si no me hacía el tatuaje, se acababa nuestra amistad, y yo la consideraba una amiga de por vida. “

Johnson confirma todo esto, riendo: “Estaba enojada. Me llamó y me dijo: ‘¿Qué carajo?”

El tatuaje fue hecho en la cocina de Brooklyn de Gyllenhaal por una amiga. Las mujeres se pusieron de acuerdo sobre el escarabajo -es un símbolo de renacimiento que Gyllenhaal utilizó como piedra de toque durante la producción- y Johnson sintió una resonancia particular. “Creo que siempre fui así”, dice. “Estar viva sigue siendo un misterio para mí, y quizás pienso más en ello porque estoy en terapia, y llevo toda la vida luchando contra la depresión. Siempre estoy tratando de navegar por eso de una manera honesta y segura”. Hace una pausa. “Mi trabajo es una suerte. Me toca hacer viajes para explorar la mente de la gente. Y creo -en una época en la que leo que lo más probable es que se revoque el caso Roe v. Wade y en la que todo el mundo está luchando tan duramente en estos momentos y la gente está siendo tan horrible con los demás- que si no intentara aplicar un gran significado a las cosas pequeñas, sinceramente no creo que lo consiguiera. Creo que estaría en un manicomio”.

En The Lost Daughter, Johnson interpretó la herida abierta de una joven madre llamada Nina. “Creo que le entusiasmaba interpretar algo más desordenado y confuso”, dice Colman.

Mientras el patio del hotel se llena de gente de Wall Street, Johnson me cuenta que interpretar a Nina le ayudó a hacer una transición en su propia vida y carrera: “Estaba dejando de lado cómo permitía que los demás me vieran”.

Fueron las películas de Cincuenta Sombras de Grey las que la definieron en el imaginario público durante años. Cuando por fin hablamos de ellas, está claro que Johnson tiene muy claro lo que quiere decir. Lo que sigue es un desahogo.

“Soy una persona sexual, y cuando me interesa algo, quiero saber mucho sobre ello”, comienza. “Por eso hice esas grandes películas de desnudos”. Sorbe su té sin romper el contacto visual. “Firmé para hacer una versión muy diferente de la película que acabamos haciendo”.

Le pregunto si el problema fue el estudio o los directores, o si fue un plato combinado.

“Combo”, dice ella. Se inclina. “También fue la autora de los libros”.

Esa sería E.L. James, que se hace llamar Erika.

“Tenía mucho control creativo, todo el día, todos los días, y exigía que ciertas cosas sucedieran. Había partes de los libros que simplemente no iban a funcionar en una película, como el monólogo interior, que a veces era increíblemente cursi. No iba a funcionar si se dijera en voz alta. Siempre era una batalla. Siempre. Cuando hice la audición para esa película, leí un monólogo de Persona” -el clásico de Ingmar Bergman de 1966- “y me dije: ‘Oh, esto va a ser realmente especial’.”

Johnson consiguió un papel de tres películas como Anastasia Steele frente al Christian Grey de Charlie Hunnam, y el dramaturgo Patrick Marber (Closer) revisó el guión. Pero Hunnam acabó abandonando el proyecto, alegando un conflicto de agenda. James se enfureció tanto, dice Johnson, que desechó el guión.

Yo era joven. Tenía 23 años. Así que daba miedo”, dice sobre el contrato que firmó, y es difícil no escuchar los ecos del acuerdo vinculante que Hitchcock utilizó para arruinar la carrera de su abuela. “Se convirtió en una locura”, continúa. “Hubo muchos desacuerdos diferentes. No pude hablar de esto con sinceridad nunca, porque queres promocionar una película de la manera correcta, y estoy orgullosa de lo que hicimos en última instancia y todo resulta como se supone que debe ser, pero fue complicado.”

Jamie Dornan sustituyó a Hunnam. Junto con Sam Taylor-Johnson, el director de la primer película, el trío trató de rescatar parte del guión de Marber.

“Hacíamos las tomas de la película que Erika quería hacer, y luego hacíamos las tomas de la película que queríamos hacer”, dice Johnson. “La noche anterior, reescribía las escenas con el diálogo anterior para poder añadir una línea acá y otra allá. Era un caos todo el tiempo”. La única escena de Marber que llegó a la primer película, dice, es la negociación en la que Anastasia y Christian esbozan su contrato sexual. “Y es la mejor escena de toda la película”.

Le pregunto si se arrepiente de haber hecho las películas.

“No. No creo que sea una cuestión de arrepentimiento. Si hubiera sabido…”, se interrumpe. “Si hubiera sabido en ese momento que iba a ser así, no creo que nadie lo hubiera hecho. Habría sido como, ‘Oh, esto es psicótico’. Pero no, no me arrepiento”.

Irónicamente, los rumores del set de rodaje suelen referirse a una supuesta enemistad entre Johnson y Dornan. “Nunca hubo un momento en el que no nos lleváramos bien”, dice. “Sé que es raro, pero es como un hermano para mí. Lo quiero tanto, tanto, tanto. Y realmente nos apoyamos el uno al otro. Teníamos que confiar en el otro y protegernos mutuamente”.

Sonríe, recordando las escenas más escandalosas. “Hacíamos las cosas más raras durante años, y teníamos que ser un equipo: ‘No vamos a hacer eso’ o ‘No podes hacer ese ángulo de cámara’. Sam no volvió a dirigir después de la primera película y, como mujer, había aportado una perspectiva más suave. James Foley vino a dirigir, y es un hombre interesante. Era diferente hacer esas cosas extrañas con un hombre detrás de la cámara. Una energía diferente. Hay cosas que todavía no puedo decir porque no quiero dañar la carrera de nadie y no quiero dañar la reputación de nadie, pero tanto Jamie como yo fuimos tratados muy bien. Erika es una mujer muy agradable, y siempre fue amable conmigo y le agradezco que quisiera que estuviera en esas películas”.

Johnson hace una pausa, luchando por poner un lazo a una experiencia tan llena de contradicciones.

“Mira, fue genial para nuestras carreras”, dice. “Fue increíble. Una gran suerte. Pero fue raro. Tan, tan raro”.

Le pregunto si cree que las películas de Cincuenta Sombras podrían hacerse hoy en día, dado lo cargado que está el clima en torno a la política personal y sexual.

“No. Probablemente no”, dice. “¿Pero qué hay de malo en ellas? Se trata de una dinámica sexual específica que es realmente real para mucha gente”.

La trilogía de Cincuenta Sombras llevó a Johnson por un camino inesperado como empresaria con Maude, la marca de bienestar sexual. Más tarde, me lleva a una cena para la empresa, donde habla frente a inversores, ejecutivos de Sephora, ejecutivos de empresas privadas, una docena de editores de belleza y Katie Couric, entre otros. La fundadora de Maude, Éva Goicochea, está a su lado, llorando. La noticia de la intención del Tribunal Supremo de anular el caso Roe v. Wade parece insuperable, e inextricablemente unida a una marca dedicada a la educación sexual y a la autonomía de la mujer.

“Tener esta cena esta semana es realmente una gran suerte“, dice Johnson a la sala. “Tenemos que tener muchas conversaciones sobre la educación sexual y realmente amplificarla en toda la nación”.

Se sienta y me mira fijamente. “¿Cómo lo hice? Tengo mucho miedo a hablar en público”. Con las manos juntas bajo la barbilla, observa la sala y me cuenta que, mientras investigaba para Cincuenta Sombras, se enteró de que muchos de los clientes del BDSM son altos ejecutivos. Mira a un caballero pelado en particular. “Quieren que les digan qué hacer después de un largo día en la oficina. Necesitan la liberación”.

Johnson aporta ahora lo bueno, lo malo y lo feo que experimentó en los sets de rodaje a TeaTime Pictures, que cofundó con Ro Donnelly. Su abuela, por ejemplo, no tiene dudas sobre su capacidad para desenvolverse en la industria. “Dakota tiene mucha resistencia y fe en sí misma”, dice Hedren por correo electrónico. “Este no es un negocio fácil. Hay que tener la voluntad de triunfar, y ella la tiene de sobra”.

La misión de TeaTime es ayudar a las voces jóvenes y sorprendentes a negociar una ciudad desalentadora, empezando por Cooper Raiff, de 25 años, guionista, director y protagonista de Cha Cha Real Smooth. La película de Raiff es una divertida y esperanzadora historia de madurez sobre un recién graduado de la universidad (interpretado por Raiff) que se ofrece como iniciador de una fiesta de bar mitzvah para ganar dinero mientras duerme en el sofá de su madre. La película profundiza en la ironía de un joven sin rumbo que trata de ayudar a los niños a convertirse en hombres y explora la idea de las almas gemelas a través de la propensión del personaje de Raiff a enamorarse de mujeres mayores y fuera de su alcance.

Raiff convenció a Johnson y a Donnelly y escribió el papel de Domino -una madre soltera que está eligiendo entre vivir sus 30 años al máximo y criar a su hija autista de séptimo grado- específicamente para Johnson. “Entendió muy bien la historia que quería contar, que probablemente es un poco ingenua”, dice Raiff. “Le encantó por lo que era, y pudo aportar la madurez adulta al guión”. La película es una de las primeras de Johnson como productora, y Raiff añade que fue indispensable. “Sabe muy bien lo que son las relaciones y con quién hay que ser amable, y cuándo hay que decirle a la gente que no”. Tanto Johnson como Raiff aplazaron sus honorarios porque los financiadores no podían permitirse los costes que conlleva hacer una película durante el COVID.

En el festival SXSW en Austin, vio por primera vez Cha Cha Real Smooth con público y lloró. Después, los miembros autistas del público hicieron cola para hablar con Johnson, Raiff y la protagonista de la película, la actriz autista Vanessa Burghardt. “Fue un momento muy desestabilizador y hermoso”, dice Johnson. “Luego tuve que ir a beber tres martinis”.

Johnson comprueba su reloj. Mañana tiene que ir a Toronto, donde está produciendo un programa de televisión. Después, estará en New York, donde aparecerá en la conferencia Global Citizen NOW y hablará de los derechos reproductivos en la CNN. En julio, estará en un lugar no revelado en el set de su primera película de acción, Madame Web, de Marvel, para la que está ganando músculo para poder hacer tantas acrobacias como le permita la póliza de seguro: “Me siento como si pudiera hacer algunas cosas de Tom Cruise”, dice emocionada.

Ahora es el momento de ir a un evento en Park Avenue. Sube a cambiarse y, cuando salimos del hotel, Johnson es inmediatamente flanqueada por un guardia de seguridad, que nos advierte de que hay paparazzi fuera. Ella sigue caminando en línea recta.

¿Qué tengo que hacer? le pregunto.

Ella sonríe, muy segura de sí misma. Luego dice, como si fuera lo más obvio del mundo: “Sólo entra en el auto”.

Entrevista originalmente publicada el 28 de Junio, 2022.

Fuente | Traducción y adaptación por el equipo de DJARG

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