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Dakota Johnson protagoniza la edición de Febrero 2022 de Elle UK, y junto a la portada, la actriz se encontró con Molly Creeden para hablar sobre matriarcas, maternidad y movimientos en Hollywood. Lea la entrevista completa y traducida: 

“¿Conoces The Birthday Book?”, pregunta Dakota Johnson. Está sentada en una mesa a la luz de las velas, con ojos azules inquisitivos y un flequillo que le roza las cejas con tanta maestría que su mantenimiento parece un trabajo a tiempo completo. “Es un libro enorme que repasa cada día del año y te habla de ti mismo y de otras personas que han nacido el día de tu cumpleaños. Yo nací el Día de los Incorregibles”, dice. “Y digo ”Eso tiene sentido”.

Llevamos una hora dentro de Shutters on the Beach, el sol de invierno acaba de ponerse sobre la arena de Santa Mónica. Johnson llegaba tarde -algo que ver con hablar con Andrew Garfield y el tráfico de Los Ángeles- y yo me estaba recuperando de una fiesta la noche anterior, así que empezamos por atender cada una de nuestras necesidades.

“Probablemente deberíamos pedir papas fritas porque estás con resaca”, dice, después de conseguir un té para ella. Sostiene la bebida caliente entre sus manos mientras explica más sobre el tipo de persona que es, cuya esencia se remonta aparentemente al 4 de octubre de 1989, el día en que nació. En primer lugar, rechaza la autoridad. “No me gustan las reglas estúpidas, como las reglas por las reglas. O que la gente aplique normas porque busca el poder”, dice con firmeza. “Si una silla está marcada con “No sentarse acá”, pienso: “¿Por qué mierda no?”. No sé de dónde viene esto y por qué se puso tan mal”, dice, sacudiendo la cabeza.

Sin embargo, como presencia, Johnson parece lo contrario de incorregible: absurdamente serena, con una voz tranquilizadora que parece bajar el ritmo cardíaco mientras habla. Esta calma preternatural es sorprendente si se tiene en cuenta su educación, que incluye padres de alto nivel (Melanie Griffith y Don Johnson), un abuelo (la estrella de cine de los años sesenta Tippi Hedren) y un padrastro (Antonio Banderas), y el hecho de que se haya criado en sets de rodaje de todo el mundo. Aprendió a conducir en el set de rodaje donde su padre filmó el drama policial Nash Bridges.

A diferencia de la mayoría de los seres humanos -famosos o no-, Johnson parece sentirse cómoda con el silencio, ya sea en una conversación muy pública (véase su entrevista con Ellen, famosa en las redes sociales por los largos silencios entre el anfitrión y el invitado), o entre dos personas que comparten papas fritas. Se queda en una pausa profunda durante lo que parece un minuto entero después de que le pregunte por qué puede soportar el tipo de silencio que hace que la mayoría de la gente se retuerza. Finalmente, se quiebra, pero parece desconcertada. “Bueno, ¿qué haría yo para luchar contra el silencio?”

No es sólo su contención. Johnson emite el tipo de compostura sin prisas que te hace sentir que podrías disfrutar de la deriva hacia el sueño mientras ella lee las direcciones del GPS en voz alta. ¿Sabe ella que su visita a la casa de Architectural Digest [501.000 likes en YouTube] -en la que habla lánguidamente de su sofá de mohair y de una mesa hecha con la madera del yate de Winston Churchill- se compara con el ASMR? “Tenía mucha resaca al hacer ese vídeo”, dice. “Probablemente por eso estaba tan tranquila”. Pero, ¿de dónde viene? Se plantea la pregunta.

“Bueno, mis padres son… No creo que lo haya heredado de ellos, eran salvajes cuando yo crecía’, dice, refiriéndose oblicuamente a las tribulaciones de Don Johnson y Melanie Griffith con la adicción y la fiesta en los años noventa. “Creo que tal vez soy reservada”, dice. “Y eso se percibe como sereno”.

Johnson es ciertamente reservada, y claramente experta en ocultar información que podría terminar como fuego de la prensa sensacionalista. Desde 2017, sale con Chris Martin, de Coldplay, y cuando aparece en público, la pareja atrae a hordas de paparazzi a ambos lados del Atlántico. Se buscaron una existencia tranquila en una moderna casa de estilo Cape Cod en Point Dume, Malibú. “Llevamos bastante tiempo juntos, y a veces salimos, pero ambos trabajamos tanto que es agradable estar en casa y ser acogedores y privados. La mayor parte de las fiestas tienen lugar dentro de mi casa”, dice sobre sus amigos, que en su mayoría parecen estar en la industria del entretenimiento o adyacentes a ella.

A sus 32 años, Johnson se debate en el espacio liminal entre la juventud y la no tan juventud. “Me siento de 48 y de 26 años a la vez“, dice. “Viví mucho en mi vida. Viví mucho de muy joven, así que creo que me siento mayor”. Esto parece coherente, observo, con el hecho de que después de esta entrevista del viernes por la noche, se dirigirá a casa para ver a Elle Fanning en la segunda temporada de The Great. Johnson se ríe. ‘¡Lo sé! Estoy como, ¡es viernes! Debería ponerme un poco jodida. ¡Y a veces lo hago! Pero estuve trabajando tanto que beber té y ver la televisión me resulta atractivo’.

No siempre fue así. La vena incorregible de Johnson hizo que la enviaran a un internado católico sólo para chicas durante un año de secundaria. Allí conoció a una chica llamada Justine, que había llegado al colegio Santa Catalina tras ser expulsada de otro. Las dos se hicieron rápidamente amigas y pidieron ser compañeras de cuarto, uniéndose por los libros, la música y el grunge. Johnson no estuvo mucho tiempo en Santa Catalina. “Se suponía que iba a ser una debutante y que lo pasaría muy bien, pero no lo hice bien”, dice. El vínculo con Justine, sin embargo, perduró. Su amiga se fue a New York y a París, llegó a dominar el francés y el español y, a los veintitantos años, introdujo a Johnson en las novelas napolitanas de Elena Ferrante, la serie italiana de madurez que narra la compleja amistad de 60 años entre dos mujeres. Johnson atribuye a Justine el mérito de haberla desafiado a lo largo de su vida; de haberle hecho reconocer una curiosidad dentro de sí misma que aún no veía. “De hecho, es mi brillante amiga”, dice, refiriéndose al título de la novela más famosa de Ferrante.

Por eso, en 2018, cuando la actriz Maggie Gyllenhaal recibió la bendición de Ferrante para adaptar y dirigir el guion de The Story of the Lost Child -la cuarta novela de la serie-, el interés de Johnson se despertó. Se fijó en el papel de Nina, una joven y bella madre de vacaciones con su familia en Grecia, que se encuentra con Leda (interpretada por Olivia Colman), una profesora de mediana edad con un enfoque poco ortodoxo de la maternidad que ensombrece su pasado. Para Leda, está claro que Nina es un objeto brillante que está siendo aplastado por las exigencias de la crianza y las expectativas del mundo sobre las madres. “No leo muy a menudo a mujeres como Nina”, recuerda Johnson, cuya carrera incluye papeles dramáticos y cómicos en la televisión, éxitos de taquilla mundiales, películas independientes y comedias: “Es muy raro leer a una mujer joven que está perdida, ahogada, enfadada y hambrienta de ser vista, que no es la idea totalmente formada de alguien sobre cómo debe ser una mujer”.

Persiguió un encuentro con Gyllenhaal, durante el cual “profundizamos mucho en la experiencia de ser una mujer, tanto en el cine como en este mundo”, dice Johnson. ‘Yo estaba como: “Haré cualquier cosa. Tenía muchas ganas de seguirla”. A Gyllenhaal le impactó igualmente conocer a Johnson: ‘Dakota leyó el guión y dijo: “Quiero probar algo que nunca probé, y quiero hacerlo con vos”. Y creo que eso es lo que ocurrió. La agarré de la mano y le dije: “Vamos”.

Gyllenhaal le recordó a Johnson otras mujeres fundamentales en su vida. Mujeres como Justine, que la llevaron a otro nivel. “No sé si alguna vez te pasó eso de conocer a otra mujer y ver en ella partes de vos que no sabías que tenías antes de conocerla”, explica. “Es casi como si se subiera el dial de tu vida. Y Maggie fue esa persona para mí. Es una buscadora de la verdad”.

Johnson habla mucho de este tipo de mujeres. Aquellas cuya conexión tácita -similar a la que electriza a Leda y Nina en la película- la empuja a evolucionar. Mujeres como Sam Taylor-Johnson, que la dirigió en su papel decisivo en 50 sombras de Grey, Leslie Mann, su coprotagonista en la próxima película de su propia productora, Cha Cha Real Smooth, su terapeuta, a quien Johnson llama su “héroe total”, y la madre de su novio del instituto, que sigue siendo importante para ella.

“Era un tipo de madre diferente”, explica sobre esta última. “Es profundamente espiritual y centrada. Mi madre es muy cariñosa y educada”, dice, “pero a veces necesitas algo más de alguien”. La influencia de estas mujeres conforma la actuación de Johnson en The Lost Daughter, una película silenciosa y mordaz que es honesta -y radical- sobre las realidades de cómo las mujeres se relacionan con la experiencia de criar a sus hijos.

Al presentar un retrato implacable de la dureza física de la maternidad, de su asfixiante desinterés, de sus enloquecedoras negociaciones y de su eufórico amor, The Lost Daughter, de Gyllenhaal, plantea cuestiones que se encuentran en lo más profundo de la experiencia de la maternidad: ¿qué pasa si no te gusta ser madre? ¿Y si lo admites en voz alta? ¿Y si -como han hecho los hombres durante años- abandonas la responsabilidad de tus hijos?

En cuanto a sus expectativas de trabajar junto a su aclamada coprotagonista Olivia Colman, Johnson se muestra típicamente plácida. “Bueno, yo me preguntaba ¿cómo será ella?”, recuerda. “Pero nos encantamos la una a la otra. Es tan maternal y comprensiva y siempre quiere pasar el rato y beber vino y hablar“. Johnson observó la reacción de las mujeres ante esta película en las proyecciones. Se compenetran. Lloran. Se diócuenta de que a veces las mujeres más jóvenes se enojan. “Ven a Leda y dicen: “Es una persona horrible, la odio, es tan desagradable””. Durante el rodaje, Johnson pensó mucho en su propia madre, madre trabajadora de tres hijos, y alguien a quien describe como capaz de “hacer todo posible”. Era capaz de ser una madre cariñosa, generosa y nutritiva, de hacer su trabajo y de ser una compañera increíble para sus maridos. Pero también hubo momentos realmente oscuros. Así que el punto es decir que nada es perfecto todo el tiempo, nada.

Le pregunto si Griffith ha visto la película. ‘La vió tres veces’, dice Johnson, levantando las cejas. “Creo que es porque está orgullosa de mí. También creo que es algo que no vió en la pantalla antes, y ella está como: “Podes decir: ¿Hoy odio ser madre?”.

Su abuela, Tippi Hedren, aún no vió la película. “Creo que le encantaría”, dice, llena de afecto. “Es tan compleja. Creo que a la mayoría de las mujeres les encanta. Después de que les duela, les encanta”.

“Plot twist: ¡Gucci!” responde Dakota cuando le pregunto quién le hizo la blusa con lazo de color lavanda, los pantalones de cintura alta y el abrigo con hebilla que lleva hoy. “Salir al mundo, peinarse y maquillarse y ponerse un traje para tener un aspecto determinado, es súper chocante”, dice. “Así que llevar ropa con la que me siento yo misma es vital. Siento que esta es una versión de mí”.

Su conjunto la hace parecer una mujer de negocios, una identidad a la que está intentando acostumbrarse. “Sigo poniéndome más tareas encima”, dice. La incorregibilidad fue en parte la causa de la decisión de fundar su propia compañía de producción en 2020, tras sentirse frustrada por no tener una visión más holística de sus proyectos de actuación. Tea Time Pictures tiene actualmente una lista de 25 películas y programas de televisión, dos de los cuales – “Cha Cha Real Smooth” y “Am I ok?” – llegaron al Festival de Cine de Sundance.

“Durante mucho tiempo, actué en películas y, cuando salen a la luz, a veces son completamente diferentes. Y eso es muy difícil de asumir como persona que se gana la vida de forma vulnerable, porque se siente como si se robaran algunas cosas”, explica Johnson. El objetivo de Tea Time es crear oportunidades para los jóvenes talentos y, al mismo tiempo, dar a Johnson y a su cofundadora, la ex ejecutiva de desarrollo de Netflix, Ro Donnelly, la autoridad creativa que tanto ansía.

Además de pasar a ser productora, Johnson es inversora y codirectora creativa de la marca de bienestar sexual Maude. “Cuando la fundadora, Éva Goicochea, y yo nos conocimos, pensé: “Esto es exactamente lo que yo pienso, es decir, que los productos deben ser inclusivos y directos, limpios y accesibles. Si te gusta tener un consolador rosa gigante, todo el poder para ti. Esa no es mi onda, ¡ja! Onda”, dice, recuperándose. “Pero creo que es saludable tener acceso a productos de calidad para el bienestar sexual”. Johnson participa en el desarrollo de todos los productos, desde los vibradores hasta los jabones corporales. “Así que poder decir…” Johnson se detiene a mitad de la frase. “Estoy recordando que anoche soñé con nuestro tapón anal. Estábamos viendo los [prototipos], y uno era demasiado grande. En mi sueño se parecía a esto” -coge dos calabazas decorativas de la mesa y las junta- “y yo decía: “¡Nadie va a poder meterse eso en el culo!”. Nos reímos, pero Johnson ve el sueño como una representación de su deseo de explorar “cuál puede ser la experiencia más placentera, chic y de calidad”.

Hija de una dinastía de Hollywood, empresaria vestida de Gucci, actriz, compañera, amiga leal… Hay otras profundidades que descubrir bajo el sereno exterior de Johnson. Pero son capas que ella desprende para sus confidentes más cercanos, y para los papeles que la necesitan para acceder a esa crudeza. Los demás haríamos bien en dar a la incorregible Dakota Johnson el espacio necesario para seguir desafiando todo, ya sea a través del ruido que hace su trabajo o del silencio que abraza.

Entrevista originalmente publicada el 30 de Diciembre, 2021.

Fuente | Traducción y adaptación por DJARG.

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